PD.003 — Parkinson: No Dejar Nada a Medias.


Al mal tiempo, buena cara. No existe una expresión exactamente igual en inglés, pero me parece una manera bastante bonita de resumir una actitud frente a la vida. La simpleza con la que un amigo mío resumía la vida era todavía mejor: hay que molar. Y yo intento aplicarla. La enfermedad ya la tenemos. Ahora la pregunta es otra: qué hacemos con los verbos. Porque quizá la vida consista, en parte, en eso. En hacerla divertida. En minimizar lo malo y amplificar lo bueno. En ponerle actitud y acción a lo jodido. En conjugar el verbo molar.

Dar pena no mola. Quejarte de todo no mola. Aburrirte no mola. Aislarte no mola. Esperar a que la vida vuelva a empezar no mola. Cancelar todo antes de intentarlo no mola. Convertir la enfermedad en tu única conversación no mola. Hablar solo de lo que has perdido no mola. Dejar de sorprenderte no mola. Dejar de desear no mola. Dejar de tocar no mola. Dejar de reírte porque ya no toca no mola. Pero, sinceramente, tampoco mola convertir todo esto en otra obligación. Porque hay días en los que llorar mola más que fingir. Hay días en los que quedarse en casa mola. Hay días en los que no hacer absolutamente una mierda es exactamente lo que toca. No se trata de ganar una competición contra la tristeza. Se trata de no darle la exclusiva.

También mola

Porque también: besar mola. Hacer felices a tus padres mola. Hacer reír a tus sobrinos mola. Llevarle la contraria a alguien mola. Bailar aunque bailes como el culo mola. Crear algo mola. Aprender mola. Tener una idea y verla existir mola. Ponerte guapo para salir aunque no tengas ningún sitio importante al que ir mola. Viajar mola. Comer algo cojonudamente bueno mola. Tocar un cuerpo mola. Sentirte deseado mola. Desear mola. Decir te quiero mola. Que alguien te diga qué bien que estés aquí mola. Hacer algo por alguien sin que nadie se entere mola. Volver a sentirte útil mola.

La actitud mola. Pero no esa actitud de taza de Mr. Wonderful que pretende que todo es maravilloso si sonríes lo suficiente. No. La actitud de mirar algo que es una mierda y decir: esto es una mierda. Y después preguntar: qué hacemos ahora. Porque la enfermedad ya está. El cuerpo hará lo que tenga que hacer. Habrá días mejores y días de mierda. Habrá momentos en los que la levodopa funcione y momentos en los que no. Habrá cansancio. Habrá miedo. Habrá una parte de mí que probablemente nunca vuelva. Pero todavía quedan verbos. Y mientras queden verbos, habrá algo que conjugar.

Sin reserva

Cuando escuches, escucha. Cuando abraces, abraza. Cuando beses, besa. Cuando hagas el amor, haz el amor. Cuando comas un coño, cómetelo. Cuando chupes una polla, chúpala. No estés pensando en lo siguiente. No estés haciendo una cosa mientras tu cabeza ya está en la siguiente. No guardes una parte de ti para después. No dejes nada para la vuelta. Porque quizá una de las cosas que la enfermedad me ha enseñado es que el después siempre parece tener más energía que tú. Después haré ese viaje. Después llamaré. Después escribiré. Después descansaré. Después viviré. Pero el después es un sitio extraño. Siempre parece que vamos a llegar con más tiempo. Con más fuerza. Con más cuerpo. Y a veces no.

Así que cuando estés, estate. Cuando escuches, escucha. Cuando abraces, abraza. Cuando beses, besa. Cuando algo merezca tu energía, no lo hagas con una parte de ti fuera de la habitación. Hazlo entero. No ahorres tanto la vida que acabes muriendo con ella intacta.

También al revés

Y quizá funcione igual con lo contrario. Cuando llores, llora. Cuando estés triste, estate triste. Cuando estés devastado, déjate devastar. No conviertas cada emoción en un problema que hay que solucionar inmediatamente. Hay días en los que no hay que encontrar la lección. No hay que aprender nada. No hay que crecer. Hay días en los que estás hecho polvo. Pues hecho polvo. Cuando tengas ganas de romper algo, rómpelo. Bueno. No un edificio. Aunque en tu imaginación puedes convertirte en Godzilla y tirarlo entero.

La satisfacción quizá está en eso: no dejarte nada sin experimentar. No amar con una parte del cuerpo fuera de la habitación. No reírte pensando en cuándo tendrás que volver a casa. No llorar pidiendo perdón por llorar. No desear algo con vergüenza. No guardar una versión mejor de ti para una ocasión futura. La vida ya se encarga bastante de quitarnos cosas. No hace falta que además nosotros mismos las vivamos a medio gas.

Razones para gastarla

Sinceramente, no sé qué coño me mueve. No sé si es el exceso de levodopa y pramipexol. Las ganas de seguir sintiéndome útil. Las ganas de contribuir. Las ganas de disfrutar. De sentirme pleno. De devolver una pequeña parte de la deuda amorosa que tengo con mis padres, con mi hermana, con mis sobrinos. Quizá sean las ganas de llevar la contraria. Quizá sea el ego. Quizá sea la ira. Quizá una parte de mí simplemente quiera cagarse en la cara de todos los que pensaron que ya no se podía. Quizá sea una búsqueda constante de dopamina. Una persecución de momentos. Crear algo. Publicar algo. Pensar algo. Besarte. Reírme. Irme. Volver. Sentir que todavía ocurre algo. Probablemente sea todo eso junto. Y quizá tampoco importe demasiado.

No necesito saber exactamente de dónde viene la energía para usarla. Solo necesito tener algo que hacer con ella cuando aparece. Porque quizá la pregunta no sea cómo conservar la energía. Quizá esa sea una de las grandes trampas de estar enfermo. Medir. Administrar. Dosificar. Guardar. Como si la vida consistiera en llegar al final del día con la batería lo más llena posible. Yo no quiero morirme con un 80 por ciento. Quiero gastar algo. Quiero que haya días en los que llegue agotado porque ha merecido la pena estar cansado. Quiero gastar energía en cosas que devuelvan algo. En personas. En ideas. En besos. En una cena demasiado larga. En hacer feliz a alguien. En intentar cambiar algo aunque salga mal. Porque quizá el objetivo no sea proteger la capacidad. Quizá el objetivo sea tener razones para gastarla. La enfermedad puede quitarte cosas. Eso ya lo sé. Pero no tiene por qué decidir en qué gastas las que todavía quedan.

Vivir menos a medias

Así que, de momento, mi plan es bastante simple. No quiero hacer más cosas. Quiero dejar de hacer las cosas a medias. Cuando haya que escuchar, escuchar. Cuando haya que abrazar, abrazar. Cuando haya que besar, besar. Cuando haya que reír, reírse hasta que duela. Y cuando haya que llorar, llorar sin intentar convertirlo inmediatamente en una oportunidad. No dejar nada para la vuelta. Porque quizá no haya vuelta. Y si la hay, mejor llegar sin la sensación de haberse guardado algo. Con pasión. Con dedicación. Sin demasiada mesura. Y, si se puede, con estilo.

Porque al final quizá conjugar el verbo molar sea exactamente eso: hacer lo que toque. Pero hacerlo entero. No vivir más. Vivir menos a medias. Porque quizá vivir no consista en conservar lo que tienes. Consista en saber exactamente por qué merece la pena gastarlo.

Os quiero

Esto va dedicado a los que me han querido. A los que me han temido. A los que me han odiado. Y a los que he odiado yo. A los que me hicieron reír hasta que me dolió la barriga. Y a aquellos con los que me peleé como si no fuera a haber un mañana. A los gilipollas que no creyeron. Y a los gilipollas que sí. A los que estuvieron. A los que se fueron. A los que deberían haberse ido antes. Y a los que ojalá hubieran tardado un poco más.

A los amores que he tenido. A los que perdí. A los que casi fueron. Y a los que todavía no sé que vienen. A los hijos de puta que me he encontrado por el camino. Y a todos los hijos de puta que todavía me quedan por conocer. A los que me hicieron daño. A los que yo hice daño. Perdón. Más o menos. A los que me salvaron sin saberlo. A los que intentaron hundirme y, sin querer, me dieron una razón más para nadar. A los que pensaron que podía. A los que pensaron que no. Probablemente necesitaba a los dos.

Porque al final una vida no se construye solo con la gente que quieres. También se construye con la gente a la que mandaste a tomar por culo. Con los abrazos. Con las hostias. Con las cenas. Con las despedidas. Con los besos que todavía recuerdas. Y con los que no recuerdas, pero sospechas que estuvieron bastante bien. No quiero llegar al final habiéndome guardado demasiado. Ni un llanto. Ni una risa. Ni un te quiero. Ni un que te den por culo. Así que si todavía nos queda algo por vivir juntos, no lo hagamos a medias. En fin. Que os follen, hijos de puta. Me voy a la playa. Os quiero.

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