ESS.001 — El Verbo: Unidad Básica de Observación.


Nadie ha querido nunca un cepillo de dientes. Se quiere conservar la boca. Un taladro no se desea: se desea el estante en la pared —y a veces ni el estante, sino el orden que promete sostener. Nadie enciende una linterna por la linterna; la enciende para dejar de tener miedo a oscuras.

Debajo de cada objeto hay algo que alguien quería hacer. El objeto es la forma que encontró de hacerlo.Los objetos tienen nombre. Las personas vivimos a través de verbos.

Qué es un verbo aquí

Conviene decirlo pronto, porque es la llave. Cuando aquí se dice verbo no se habla de gramática. Un verbo no es la acción que ejecuta un producto: es la cosa humana en la que el producto entra.

El objeto es lo que diseñamos. El verbo es lo que la persona intentaba hacer.

El producto tiene una función. La persona tiene un verbo. No siempre coinciden.

Un objeto, muchos verbos

Un mismo objeto sostiene muchos verbos, y el diseño casi siempre atiende sólo a uno.

Diseñamos una silla. La persona, en cambio, puede estar intentando descansar. O esperar. O recuperarse. O pensar. O trabajar. O simplemente quedarse.

Diseñamos un teléfono. La persona puede estar intentando llamar, acordarse, escapar, coordinar, pertenecer, tranquilizarse, empezar.

Diseñamos unos auriculares. La persona puede estar intentando escuchar, concentrarse, aislarse, calmarse, caminar, seguir.

El mismo objeto. Verbos distintos. Y cada uno con su precio.

El sismógrafo

Esto lo aprendí de mi cuerpo. Tengo Parkinson.

El Parkinson hizo algo extraño con mi relación con los verbos: los volvió visibles. Andar. Empezar. Girarme. Hablar. Levantarme. Seguir. Cosas por las que antes pasaba sin darme cuenta se convirtieron en acontecimientos. El verbo seguía siendo el mismo. El precio, no.

Un cuerpo que funciona paga el precio de sus verbos sin notarlo, como un suelo firme no siente los temblores pequeños. Un cuerpo frágil es un sismógrafo: registra lo que los demás no llegan a sentir. No es que la enfermedad invente el coste. Es que lo pone en la aguja. La fragilidad no debilita la vista: la afina.

Y lo que el sismógrafo mide vale para todos. Todo verbo tiene un precio, se note o no. No siempre se paga en dinero. Se paga en atención, en tiempo, en memoria, en decisiones, en energía, en paciencia. Empezar también cuesta, aunque nadie lo cobre en voz alta.

La interfaz cambia el precio

Aquí entra lo que Human Notes observa: entre la persona que quiere algo y el verbo que intenta hacer, casi siempre hay una interfaz. Y toda interfaz cambia el precio de ese verbo. A veces lo baja. A veces lo hace posible. A veces lo muda a otro sitio. A veces te lo cobra en una moneda que no miras.

Google Maps abarata casi a cero el verbo llegar. Ya nadie se pierde. Pero, sin avisar, encarece otro: orientarse. Dejas de construir el mapa en la cabeza, y el músculo de saber dónde estás sin mirar se atrofia. El verbo llegar se abarató; el verbo orientarse se encareció en silencio.

La banca en el móvil abarata pagar y transferir. Pero para quien no maneja la app —y siempre hay alguien— el mismo diseño encarece un verbo que antes era gratis: entrar en una oficina y que alguien le atienda. El coste no desapareció. Cambió de cuerpo.

Por eso la frase que sostiene todo esto ya no suena a metáfora: cada interfaz cambia el precio de un verbo.

Tres líneas

Tres líneas, y con ellas se entra:

Las personas no viven entre productos. Viven entre verbos.
Todo verbo tiene un precio.
Toda interfaz cambia ese precio.

Human Notes mira lo que ocurre entre las tres.

El orden

Y una vez que se empieza a mirar así, aparece un orden. Primero el verbo: ¿qué intenta hacer la persona? Después el coste: ¿qué le cuesta hacerlo? Después la interfaz: ¿qué cambia? Y entonces, dos preguntas que este texto sólo deja abiertas: el coste que hemos quitado de un sitio, ¿dónde acaba? Y la persona, cuando suelta el objeto, ¿con cuánta capacidad se queda?

Un objeto se juzga por lo que hace. Un verbo, por lo que deja hacer después.

Nadie, al final, quiere el objeto. Queremos seguir pudiendo.

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